: 'Light Blog 3F Filippi')

03 / 08 / 2026
La luz no solo sirve para hacer visibles los espacios. Determina la forma en que percibimos los materiales, reconocemos los objetos e interpretamos los colores.
Dos fuentes de luz aparentemente similares, con la misma temperatura de color y un nivel de iluminancia equivalente, pueden ofrecer resultados visuales muy diferentes. Un alimento puede parecer fresco y apetecible o, por el contrario, apagado; un tejido puede mostrar correctamente sus matices o parecer diferente bajo la luz natural; una superficie pintada puede revelar todos sus matices o perder parte de su identidad.
Aquí es donde entra en juego el rendimiento cromático, uno de los aspectos más importantes en el diseño de la iluminación.
El rendimiento cromático indica la capacidad de una fuente luminosa para mostrar los colores de los objetos de forma natural y fiel.
En otras palabras, no describe el color de la luz emitida, sino la forma en que esa luz nos permite ver lo que ilumina.
Para evaluarlo se utiliza el índice CRI, o Ra, expresado en una escala que llega hasta 100. Cuanto mayor es el valor, más fieles son los colores reproducidos con respecto a su aspecto real.
Un valor superior a 80 es adecuado para muchas aplicaciones profesionales. Sin embargo, cuando resulta especialmente importante distinguir correctamente materiales, superficies o tonos, puede ser necesario elegir fuentes de luz con valores superiores a 90.
El índice de reproducción cromática no debe confundirse con la temperatura de color. Tanto una luz cálida como una luz neutra pueden tener un alto índice de reproducción cromática. La primera define la atmósfera del ambiente, mientras que la segunda determina la calidad con la que percibimos los colores.
Por este motivo, a la hora de elegir una luminaria, no basta con tener en cuenta únicamente la cantidad de luz que se produce. También es necesario evaluar cómo interactúa esa luz con los objetos y con las superficies del espacio.
El rendimiento cromático adquiere un papel especialmente importante en los entornos de la gran distribución, donde la luz contribuye directamente a la percepción de frescura, calidad y atractivo de los productos.
La fruta, la verdura, la carne, el pescado, el pan y los productos gastronómicos presentan colores, superficies y características muy diferentes. Una iluminación inadecuada puede hacer que los alimentos parezcan menos naturales o menos apetecibles. Por el contrario, una solución bien diseñada permite realzarlos sin alterar su aspecto.
En el proyecto realizado para Ipercoop Centro Borgo, la iluminación de las secciones se ha estudiado precisamente para mejorar la percepción cromática de los alimentos y hacer que la experiencia de compra resulte más clara y agradable.
Se han utilizado luminarias 3F Six con fuentes LED de alto rendimiento cromático y diferentes temperaturas de color, seleccionadas en función de las distintas zonas de exposición.
Así, la luz se ha adaptado a las características de los productos: no se trata de una solución genérica para todo el establecimiento, sino de un proyecto capaz de responder a las necesidades específicas de cada sección.
Las distribuciones luminosas también se han elegido en función de la ubicación de las luminarias y de la disposición de las superficies de exposición. De este modo, la luz se dirige donde se necesita, realzando los productos y limitando las dispersiones y los contrastes innecesarios.
El resultado demuestra que el rendimiento cromático no depende únicamente del valor declarado de la fuente luminosa. Para lograr una percepción natural y coherente, es necesario que la calidad de la luz, la temperatura de color, las ópticas y la ubicación de las luminarias funcionen en conjunto.
El proyecto de Ipercoop Centro Borgo constituye, por tanto, un ejemplo concreto de cómo un diseño de iluminación adecuado puede transformar la forma en que se observan y perciben los productos.
El rendimiento cromático es un parámetro técnico, pero sus efectos son inmediatamente perceptibles para cualquiera.
Una luz de calidad permite reconocer correctamente los colores, apreciar mejor los materiales y vivir los espacios de forma más natural. Por eso, su evaluación siempre debe partir de la aplicación, de los objetos que se van a iluminar y de la experiencia visual que se desea crear.
Porque iluminar un espacio no significa solo hacerlo visible, sino reproducir correctamente la realidad que contiene.